Las alteraciones de la glándula tiroides, tanto clínicas como subclínicas, aumentan el riesgo cardiovascular

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18 jul 2013 - 15:00 h
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Sufrir hipertiroidismo conlleva un mayor riesgo de desarrollar fibrilación auricular (FA). Así al menos se desprende de una investigación llevada a cabo por investigadores del Hospital Universitario Gentofte en Hellerup (Dinamarca) y publicado en la revista British Medical Journal (BMJ). Se trata de un estudio realizado a 586.460 pacientes adultos de atención primaria de la ciudad de Copenhague, a los que se evaluó la función tiroidea por primera vez entre los años 2000-2010 y a los cuales no se les había diagnosticado ningún síntoma de enfermedad tiroidea ni de FA.

Estos individuos tenían una media de edad de 50 años y eran, en el 61 por ciento de los casos, mujeres. De éstos, 562.461 (el 9 por ciento) eran eutiroideos (es decir, que poseían niveles normales de tiroxina), 1.670 (0,3 por ciento) presentaron hipotiroidismo manifiesto, 12.087 (2 por ciento) tenían hipotiroidismo subclínico, 3.966 (0,7 por ciento) tenían hipertiroidismo manifiesto y 6.276 (1,0 por ciento) tenían hipertiroidismo subclínico. Los resultados mostraron que, después de cinco años y medio de seguimiento, 17.154 del total de los pacientes (lo que representa el 2,9 por ciento) fueron diagnosticados por primera vez de FA y que un 53 por ciento eran mujeres.

Más específicamente, desarrollaron FA cerca del 2,9 por ciento (16.275) de los eutiroideos; alrededor del 4,6 por ciento (183) de los pacientes con hipertiroidismo manifiesto, cerca del 7 por ciento (435) de los pacientes con hipertiroidismo subclínico, el 2,5 por ciento (42) de los pacientes con hipotiroidismo manifiesto y cerca del 3,4 por ciento (402) de los que tenían hipotiroidismo subclínico. Así, se demuestra que las personas con hipertiroidismo subclínico tienen un aumento del riesgo relativo del 23 por ciento de desarrollar FA, en comparación con los individuos con función tiroidea normal, y de hasta el 30 por ciento en aquellas personas que poseen hipertiroidismo manifiesto Además, en comparación con los pacientes eutiroideos, el riesgo de FA en los pacientes con hipertiroidismo subclínico aumentó con la disminución de los niveles de TSH. Así, el trabajo revela que, en los pacientes con función tiroidea normal, el riesgo de FA aumentó un 11 por ciento con función tiroidea normal alta (0,2-0,4) y, en pacientes con hipotiroidismo subclínico, este riesgo se elevó a un 30 por ciento cuando se les redujo los niveles de TSH hasta <0,1.

En conclusión, el estudio demuestra que el riesgo de padecer FA está estrechamente asociado con la actividad de la tiroides. Los resultados indican que los pacientes con hipotiroidismo manifiesto tienen un bajo riesgo de padecer una FA y, en cambio, los pacientes con hipertiroidismo tienen un elevado riesgo de presentarla. En el caso de la enfermedad tiroidea subclínica, los riesgos están asociados de forma variable y dependiente a los niveles de TSH, aumentando el riesgo de FA con el descenso de los niveles de la TSH.

En este sentido, Ángel Moya, presidente de la sección de arritmias y ritmo cardiaco de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y miembro de la Fundación Española del Corazón (FEC) destaca que, “hasta el momento se conocía que el hipertiroidismo manifiesto estaba asociado con fibrilación auricular y ahora, gracias a investigaciones como esta, vemos que también el hipertiroidismo subclínico (es decir, la reducción de la TSH <0,47 pero con niveles de concentración de tiroxina libre dentro de los rangos de referencia), se asocia con frecuencia cardiaca elevada y un aumento de las arritmias”.

Además, son varias las investigaciones que han manifestado que el hipotiroidismo subclínico (valores de TSH entre 5 y 20mlU/I con concentraciones normales de hormona T4 (4,5-12ug/dl), empeora el perfil lipídico, promoviendo la formación de placas de colesterol y la aparición de eventos isquémicos. De hecho, recientemente se ha publicado un estudio observacional en el Journal of the Amercian College of Cardiology (JACC), donde se demuestra la relación existente entre el hipotiroidismo subclínico y mortalidad cardiovascular.

El trabajo, que ha realizado un seguimiento durante una década a 115,746 taiwaneses mayores de 20 años, sin historial previo de enfermedad tiroidea, evidencia diferencias en las características basales de las personas con y sin alteración tiroidea. Así, las personas con hipotiroidismo subclínico eran mayores (47 años frente a 43 años) y en su mayoría mujeres (72 por ciento frente a 52 por ciento), con niveles ligeramente más elevados de peso, de presión arterial, colesterol, triglicéridos y HDL. Además, eran más diabéticos e hipertensos, no habían entrado en contacto con agentes tóxicos (como el tabaco o el alcohol) y poseían unos ingresos y nivel educacional menores que la población eutiroidea.

Los resultados evidenciaron que, durante el seguimiento, hubo 3.669 muertes, 680 de ellas relacionadas con la enfermedad cardiovascular. Al ajustar los datos según distintas variables como el sexo, edad o antecedentes, las diferencias más significativas entre ambos grupos se encontraron en los datos de mortalidad global a partir de los 5 años, la mortalidad global y cardiovascular en mayores de 65 años y en niveles de TSH entre 5 y 10 mlU/l. Así, la investigación concluye que la presencia de hipotiroidismo subclínico no supone ningún aumento de la mortalidad total, pero sí un aumento del riesgo en la mortalidad cardiovascular del 14 por ciento y a un aumento del riesgo de eventos cardiovasculares en un 18 por ciento.

A raíz de esta y otras investigaciones, Moya destaca que “aunque normalmente tenemos presentes las alteraciones tiroideas en los pacientes con arritmias, también es importante considerar y analizar estas alteraciones cuando son subclínicas, ya que se ha demostrado que también aumentan en el riesgo de FA y mortalidad cardiovascular”. Por este motivo, la FEC recomienda un mayor atención de este tipo de enfermedades en aquellos pacientes que presenten alguna alteración de la función tiroidea y recuerda que la FA es una arritmia cardíaca común y un importante factor de riesgo para el accidente cerebrovascular isquémico e insuficiencia cardiaca.

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