El Clínico San Carlos enseña a los ciudadanos cómo cuidar la IC

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17 may 2016 - 08:00 h
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Especialistas en Cardiología del Hospital Clínico San Carlos se han dado cita para explicar a los pacientes con enfermedades cardiovasculares, a sus familiares y a sus cuidadores, las principales recomendaciones para saber actuar ante un problema de corazón y darles consejos de autocuidados que les ayuden a adquirir hábitos para llevar una vida más sana.

Asimismo les han mostrado las principales herramientas para el diagnóstico y el tratamiento de estas patologías y se les ha instruido para que sepan reconocer de forma precoz los síntomas del empeoramiento de su enfermedad cardiaca, para que sean capaces de avisar a su médico de atención primaria (AP) o al cardiólogo para iniciar cuanto antes un adecuado tratamiento corrector, evitando así una visita al Servicio de Urgencias o incluso un eventual ingreso.

Con mensajes claros, breves, de fácil comprensión y de forma amena, los especialistas han contestado a todas las preguntas de los asistentes y les han explicado todo lo relativo a la insuficiencia cardiaca (IC) e infarto de miocardio, qué es y para qué sirve un electrocardiograma, un ecocardiograma, un bypass o una prótesis y qué son los anticoagulantes y los antiagregantes.

Problema complejo y frecuente

La IC es un síndrome o un conjunto de síntomas derivados de la incapacidad del corazón para bombear la suficiente sangre que necesita el cuerpo humano.

Es complejo, con una alta prevalencia en la población, situándose en torno al 10 por ciento en mayores de 70 años. En países desarrollados, es la primera causa de hospitalización en mayores de 65 años, suponiendo el cinco por ciento del total de ingresos y su porcentaje se incrementa cada año.

Aunque la supervivencia ha mejorado en los últimos años, continúa teniendo un mal pronóstico con una mortalidad aproximada del 50 por ciento a los 5 años del diagnóstico.

Debido a su elevada prevalencia y a su alta tasa de ingresos-reingresos supone un problema de salud pública por su elevada carga asistencial. En conjunto se estima que los costes directos de la IC suponen entre el uno y el dos por ciento del presupuesto sanitario de los países desarrollados.

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